Bath

La encantadora ciudad de Bath fue fundada por los romanos durante el siglo I, después de que hallaran en la zona unas fuentes de aguas termales. El nombre original del emplazamiento fue, precisamente, Aquae Sulis, en referencia a las aguas que manaban del yacimiento, y en honor a la diosa Sulis o Minerva (en la mitología romana).

Hoy en día, Bath es una de las ciudades más visitadas del país. Su centro es relativamente pequeño, pero goza de un gran encanto gracias a su carácter señorial y georgiano, con hermosos y característicos edificios de piedra caliza amarillenta. Lo mejor para conocer Bath es pasear por su centro, que se encuentra rodeado por una curva del río Avon. Mientras deambulamos por la ciudad, nos sentiremos como si viajáramos a otra época.

Las numerosas joyas arquitectónicas que posee Bath, hicieron que fuera nombrada Patrimonio de la Humanidad de Unesco.

Bath se encuentra a unos 160 km al oeste de Londres. La mejor forma de llegar es en tren o en bus, y la estación central se sitúa al sur del mismo centro. Nosotros pasamos dos días en la ciudad y con ello pudimos disfrutar de sus principales atractivos turísticos.


¿Qué ver en Bath?

Termas romanas. Se trata, sin duda, del lugar más destacable de la ciudad. Merece una visita de varias horas, para poder realizar el tour completo por sus instalaciones y empaparnos de la fascinante historia del yacimiento romano, desde su creación hasta la actualidad.

Su situación se debe a la buena calidad de las aguas que manan de las fuentes que discurren bajo la ciudad; aguas que además cuentan, según dicen, con supuestos poderes curativos y milagrosos. Hoy en día las instalaciones de las termas se encuentran en un estado de conservación inmejorable. La entrada al recinto cuenta con una audioguía que explica cada zona y sala que formaban parte de las enormes termas, y relata las funciones que tenían en la época del Imperio Romano. Además, podremos ver el agua que sigue manando de las fuentes y, con suerte, veréis algún actor disfrazado de personaje romano que deambula por allí. Al final de la ruta podréis incluso probar un poco de agua de las termas.

A nosotros nos encantó esta visita, y es totalmente recomendable. Hay muchas modalidades de precios, con descuento para estudiantes, jubilados, niños, etc. y la entrada se encuentra en el centro de Bath, junto a la abadía. El horario es bastante amplio, de 9h a 21h, y de noche se iluminan las instalaciones dejando una estampa muy bonita. Todos los precios están en su página web.

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Vista de las termas romanas con la abadía de fondo


Abadía de Bath. Construida a finales del siglo XV, esta enorme iglesia medieval es un hermoso edificio que se erige majestuosamente en el mismo centro de la ciudad. Durante más de doce siglos han existido en este emplazamiento diversos edificios religiosos. Hoy en día, la abadía acoge numerosos actos, tanto religiosos como, por ejemplo, actos relacionados con la universidad de Bath. 

Se puede visitar su interior, tras realizar una pequeña donación voluntaria. Además, existe la posibilidad de subir a su torre para contemplar desde allí unas hermosas vistas de la ciudad. Cuesta £6 para los adultos, £3 para los niños de 5 a 15 años y la entrada se compra a la entrada de la abadía. La abadía abre de 9:30h a 17:15h de lunes a viernes,  sábados de 9h a 18h y domingos de 13h a 14:30 y de 16:30 a 18h.

Frente a la fachada principal de la Abadía, hay una bonita y muy animada plaza, en la que encontraremos varias tiendas de souvenirs y cafeterías. 

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Fachada principal de la abadía vista desde la plaza

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Vista lateral de la abadía de noche

Si caminamos en dirección norte desde la Abadía, bordeando el río Avon, encontraremos el Pulteney Bridge, otra de las joyas arquitectónicas de la ciudad. Es, junto con el célebre Puente Vecchio de Florencia, uno de los pocos puentes en el mundo que cuentan con establecimientos sobre el mismo. Lo mejor es contemplar el puente desde las orillas del río: o bien junto a la entrada del Guildhall Market al oeste, o desde el paseo que rodea el curso del río por el este. 

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Vista del Pulteney Bridge desde la entrada al Guildhall Market

Volviendo al centro peatonal de Bath, nos dirigimos hacia el norte por la calle Union Street, en la que hallaremos numerosas tiendas y restaurantes. Giramos a la izquierda por la calle Upper Borough Walls, que acoge varios edificios históricos y en la que se situaba anteriormente una parte de las murallas de la ciudad. Desde aquí, subiremos de nuevo en dirección norte para dirigirnos a la zona residencial del casco histórico, por Barton Street y Gay Street. 

A medida que vamos subiendo la calle Gay Street, nos toparemos enseguida con un pequeño y tranquilo parque, llamado Queen Square. Y, si seguimos andando un poco más, encontraremos el Jane Austen Centre, un pequeño museo dedicado a una de las escritoras más célebres de la literatura inglesa, creadora de clásicos como Orgullo y prejuicio o Sentido y sensibilidad. Este museo es apto para los fanáticos de Jane Austen. Se sitúa exactamente en el número 40 de Gay Street, y si bien ella no llegó a residir en este edificio, sí vivió varios años en otro de esta misma calle (en el número 25). En el interior del museo, os darán una interesante explicación sobre la vida de la autora y su familia, así como sobre su estancia en  Bath. Se trata, indudablemente, de uno de los personajes más queridos de la ciudad. Además, encontraremos retratos, cartas y vestuario originales del siglo XVIII. En la parte alta del museo se encuentra un encantador salón de té. 

El precio de entrada al museo es de £11 aunque existen diversos descuentos. Podéis ver los horarios y precios completos en su página web.

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Tras visitar el museo de Jane Austen, continuamos subiendo por la calle Gay Street hasta llegar a una hermosa plaza circular. Allí podremos contemplar uno de los emplazamientos arquitectónicos más célebres de la ciudad: The Circus. Se trata de una hilera circular de edificios residenciales del arquitecto inglés John Wood, construidos en estilo georgiano a mitad del siglo XVIII. Prestad atención a las columnas, pues en esta construcción se pueden ver los tres órdenes arquitectónicos: dórico en las columnas de la planta baja, jónico en las del medio y corintio en la última planta.

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A continuación, salimos de The Circus por la calle Brock Street, al final de la cual nos sorprenderá otra hermosa construcción residencial de Bath, quizás la más célebre y que constituye una de las vistas más reconocidas de la ciudad. Hablamos de Royal Crescent, una edificación del arquitecto John Wood el Joven (hijo del antes mencionado arquitecto de The Circus). Se terminó en la segunda mitad del siglo XVIII y tiene un gran parecido con The Circus. La construcción está constituida por 30 edificios residenciales situados en forma de media luna, y se abre a una hermosa zona verde ajardinada, en la que se suele situar la gente a hacer picnics o descansar. Desde allí obtendremos la mejor vista del Royal Crescent. Si lo deseáis, también podéis visitar el interior de una de las casa, la número 1, donde hallaréis una vivienda recreada en estilo georgiano. Los precios de entrada y el horario de apertura de este museo, se explican en su página web.

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Más alternativas

En la parte baja de la antes mencionada Barton Street se erige el Teatro Royal Bath, que data de principios del siglo XIX. En su interior podréis disfrutar de numerosas obras de teatro. En uno de sus costados, se encuentra el histórico pub Garrick's Head. 

Justo detrás de la Abadía de Bath, se encuentran los bonitos jardines Parade Gardens, en la orilla del río. La entrada cuesta £1.5. 



¿Qué comer en Bath?

No podéis dejar Bath sin antes tomar un té inglés junto con el dulce típico de la ciudad: el Bath Bun. Se trata de un bollo grande y muy ligero, que de por sí no sabe a mucho, pero que puedes acompañar con azúcar, canela, mermelada u otros complementos. Los más famosos son los de Sally Lunn, una repostería tradicional situada en la calle North Parade Passage y fundada en el siglo XVII. Sin embargo, la cola en este lugar suele ser muy larga, por lo que también podréis probarlos en alguna de las muchas cafeterías y dulcerías de la ciudad. 

Otro célebre bollo inglés que podéis degustar en Bath es el scone. Se trata de un panecillo, más crujiente y con más sabor que el bun, que suele rellenarse con pasas, queso o mermelada. 

Un bun con pasas (a la derecha) y dos scones (en el centro). 

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